Bachelet y la crisis económica: una advertencia desde la izquierda
Hoy día nadie niega que Chile cambió. Las movilizaciones
estudiantiles de 2011 desataron una ola de presión social. Se vio conminada
tanto la democracia de los acuerdos que había dominado Chile desde la
transición como el andamiaje institucional que la apoyaba. La consigna de los
estudiantes: “Somos la generación sin miedo”, se extendió a toda la sociedad
chilena y se empezó a cuestionar aquella institucionalidad autoritaria a través
de la cual la ideología neoliberal había logrado sobrevivir el fin de la
dictadura.
El futuro gobierno de Michelle Bachelet nos promete una
importante reforma al modelo neoliberal. Eso por lo menos es lo que piensan sus
seguidores en la izquierda de la Nueva Mayoría (particularmente el PC, pero
también los progresistas del PS, DC y PRSD). También deben pensar lo mismo los
que transfirieron su voto hacia ella desde las filas de los 17,41% que votaron
por candidatos a su izquierda en la primera vuelta. Bachelet ya ha dicho que
quiere enfrentar la espantosa desigualdad en Chile (que hace que algunos
chilenos vivan con niveles de ingreso de Noruega, y otros, de Angola), pero el
gran enigma es si va a poder concretar una agenda de políticas públicas capaz
de superar el problema.
Las demandas son muchas: una Nueva Constitución, reforma
tributaria, un nuevo Código Laboral, educación gratuita y una transformación
del sistema de AFP. Desde el comando de la Nueva Mayoría la estrategia es de
cautela. Los equipos programáticos, coordinados por Alberto Arenas, han
intentado zanjar una visión moderada, procurando lograr los cambios con el
menor costo político posible. El problema para el comando de Michele Bachelet
es que tendrá que complacer a grupos muy diversos, desde los estudiantes
radicalizados de la CONFECH hasta los empresarios del ENADE
LA FALSA SEGURIDAD DE LA MODERACIÓN
Para triunfar en este juego de malabarismo el equipo de
Bachelet está haciendo un frío análisis de costo-beneficio. Los costos son las
demandas populares, las políticas que reducen la desigualdad y aseguran la paz
social. Los beneficios son el dinamismo y crecimiento de la economía. El
cálculo que hace el comando es cuánto tiene que pagar en términos de políticas
redistributivas para asegurar la gobernabilidad y no poner en peligro el tan
anhelado alto crecimiento. Según esta visión, si el gobierno paga demasiado en
términos de redistribución, va a socavar la confianza de los empresarios y
conminar la inversión.
Los pragmáticos dentro de la Nueva Mayoría piensan que su
moderación va a proteger a Michelle Bachelet. Piensan que reduciendo la
profundidad de los cambios va a asegurar la estabilidad macroeconómica y, por
ende, la estabilidad y sustentabilidad en el tiempo de las transformaciones
sociales. Sin embargo, la realidad internacional indica justamente lo
contrario: no es el radicalismo sino la moderación la que hace imperdurables
las transformaciones sociales.
Hoy día están en bastante mal estado los países que tenían
gobiernos de la izquierda moderada durante la última década del siglo pasado y
la primera década de éste. La mayoría de los países europeos están sufriendo
alto desempleo y un estancamiento general (EE.UU. está pasando por algo
similar, aunque menos drástico). La austeridad fiscal impuesta tras la crisis
financiera global está destruyendo el Estado de Bienestar y aumentando la
desigualdad y pobreza en un continente que tenía fama por su pacto social. Sin
embargo, el desmoronamiento de las transformaciones sociales igualitarias de la
Vieja Europa no es el resultado de un radicalismo irresponsable (alto gasto
fiscal y políticas redistributivas). Más bien, la realidad europea demuestra
que es la moderación de la izquierda de la “tercera vía” frente a la herencia
neoliberal lo que causa crisis y socava las reformas sociales.
En el caso del Reino Unido, el gobierno supuestamente de
izquierda de Tony Blair hizo un gran esfuerzo de acercarse al sector financiero
y nunca revocó la desregulación de la época de Margaret Thatcher. Esta
moderación “pragmática” sembró la bomba de tiempo que explotó en la crisis
bancaria. En Francia fue el propio Partido Socialista bajo François Mitterrand
el que, en pos de la famosa “moderación”, promovió la desregulación financiera
que terminó destruyendo el modelo social.
Algo similar pasó en EE.UU., donde la dominación de los intereses de
Wall Street y el sector financiero
durante el mandato de Bill Clinton impusieron el desmantelamiento de la
regulación bancaria del New Deal (particularmente la famosa ley Glass-Stegall),
que ayudó en la creación de la burbuja financiera que sigue debilitando la economía
global. En todos estos casos, la moderación frente a la visión neoliberal no
promovió sino que destruyó la tan anhelada estabilidad económica.
Peor aún, otro resultado de esta moderación es que hoy día
los electorados europeos culpan a los partidos de izquierda (que gobernaban
cuando la crisis explotó) por los problemas económicos, a pesar de que son el
resultado de la desregulación neoliberal. De forma similar, en EE.UU. hay mucho
descontento con el Partido Demócrata porque su cercanía con el sector
financiero ha impedido políticas keynesianas serias que (como nos explica el
premio Nobel en economía Paul Krugman) acabarían con la crisis. En este
contexto de debilidad de la izquierda (causada por su moderación y asociación
con políticas neoliberales), la derecha ha ganado con su discurso respecto a
que la crisis es el resultado de un gasto fiscal irresponsable.
El análisis económico demuestra claramente que hay una
crisis fiscal porque los Estados tuvieron que rescatar a los bancos
desregulados, pero la culpa (según el discurso hegemónico) la tiene el Estado
de bienestar, no la falta de regulación. No importa que hasta España (el país
más acusado de irresponsabilidad fiscal) tuviera un superávit fiscal antes del
rescate bancario. Los hechos verdaderos son irrelevantes: la moderación de la
izquierda no sólo permitió una crisis de desregulación sino que también
fortaleció el discurso neoliberal con su negligencia. ¿Podría pasar algo
similar en Chile?
LA CRISIS ECONÓMICA DE LA REFORMA TRIBUTARIA Y EDUCACIONAL
Como hemos visto, quienes construyen la crisis prácticamente
nunca son los que la pagan. El peligroso escenario económico hoy en Chile fue
el producto de casi cuatro décadas de políticas neoliberales, pero si la
burbuja llegara a reventar en los próximos años, será la Nueva Mayoría la que
tendrá que dar las respuestas, poner la salida a la crisis como prioridad en la
agenda y comenzar a recibir el ataque de la derecha culpando de la crisis a las
políticas reformistas de Bachelet.
La fuerza económica de una crisis puede hacer perdurar el
régimen y bloquear reformas a pesar de la derrota del modelo en el plano de la
hegemonía. Peor aún, la crisis puede no sólo impedir reformas, sino,
paradójicamente, fortificar el modelo en el plano político.
Sería la perfecta oportunidad, para la derecha, de rearmarse
políticamente. Sólo pensemos en qué dirían: “El gobierno de Piñera finalizó con
un PIB per cápita de casi US$20.000 y una tasa de crecimiento de 6% anclada en
un marco institucional ordenado y estable, mientras que el gobierno actual,
producto de sus políticas (cambio constitucional, reforma educacional y
tributaria), generó una inestabilidad institucional que colaboró en acentuar la
crisis”.
¿QUÉ HACER?
Las políticas sociales sólo son perdurables en el tiempo con
un régimen económico que tienda a la industrialización (por eso hoy la
literatura de desarrollo económico habla de la necesidad de vincular Estado de
Bienestar con un Estado Desarrollista) y no con un orden precario y
cortoplacista como el actual. En Chile, políticas sociales deben ir aparejadas
con políticas industriales.
Hoy tenemos oportunidades para comenzar a caminar por ese
camino. Recuperar el cobre es un objetivo medular si de transformación
productiva hablamos. Junto a una fuerte reforma tributaria, los recursos del
cobre abren las puertas a una masa de excedentes esenciales para no sólo
implementar sólidas políticas sociales, sino para elaborar nuevos proyectos de
transformación productiva que colaboren en superar las ventajas comparativas
estáticas que Chile hoy posee (recursos naturales). El Estado, tanto en EE.UU.
como en los países Asiáticos, ha sido un empresario innovador esencial para el
establecimiento de inversiones en nuevos sectores. Un Estado con recursos,
fuerte y con un bloque político decidido, puede abrir el espacio para la
emergencia de nuevas ventajas comparativas dinámicas.
No hablamos sólo de aumentar el royalty minero. Debemos
tener un Estado que no le tenga miedo a utilizar sus propias herramientas. Se
deben (y hoy comienza a surgir la base política para aquello) activar políticas
comerciales y arancelarias que permitan proteger temporalmente nuevos sectores.
Aprendamos de lo que han hecho los países desarrollados, no de lo que nos dicen
que hagamos.
La Nueva Mayoría sólo puede hacer que sus reformas sociales
sean perdurables en el tiempo si extiende sus políticas hacia el sector
productivo. Se debe ser capaz de vincular desarrollo social con desarrollo
económico y tener la voluntad de reconocer el hecho evidente: en el escenario
económico de hoy, radicalizar las políticas (esto es, encaminarlas a intervenir
en el terreno donde se concentra el poder económico) es condición necesaria
para mantener sus reformas vivas. Hoy por hoy, la única forma de mantenerse en
el mismo lugar, es avanzando.
La Nueva Mayoría sólo puede hacer que sus reformas sociales
sean perdurables en el tiempo si extiende sus políticas hacia el sector
productivo. Se debe ser capaz de vincular desarrollo social con desarrollo
económico y tener la voluntad de reconocer el hecho evidente: en el escenario
económico de hoy, radicalizar las políticas (esto es, encaminarlas a intervenir
en el terreno donde se concentra el poder económico) es condición necesaria
para mantener sus reformas vivas. Hoy por hoy, la única forma de mantenerse en
el mismo lugar, es avanzando.
Fuente : El mostrador. Cl
Por: JOSÉ MIGUEL AHUMADA Y HASSAN AKRAM
No hay comentarios:
Publicar un comentario